¡Si VENDES HUMO, acabas oliendo a quemado!

Y todo sucedió esa noche en la que el tono rosa se apoderó de las calles…

Ahí comenzó esa historia de amor sellada con besos eternos y brindis de altura, una historia con sueño aparcado por labios dorados, que se convierten en busbujeantes besos de oro rosado.

Algo inesperado que nace a destiempo, y que al mismo tiempo que es improvisado, está muy bien pensado. Algo efímero, pero eterno en ambos. Un sueño embriagado por el aroma de rosa, que cambia de color cuando estoy a tu lado pasando de rojo a azul, y de azul al gris ahumado. Ese gris de la bruma que te envuelve, cubriendo la ciudad a tu paso, y que aumenta con tus palabras, generando curiosidad y rechazo. Allí por donde pisas arrastras corazones, y con tu encanto, consigues embaucar sin razones, a quien se escapa de las redes de los mejores pescadores.

Como príncipe encantado, y encantador de serpientes, haces que todos bailen alrededor del fuego sin preguntarse si quemarse es la mejor opción.

¡Cuidado, esto quema!

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